Friday, November 04, 2005

acciòn humana y cristiana de jesus

Los moralistas y psicólogos utilizan la expresión “acción” para referirse únicamente a las actuaciones de un sujeto humano que están motivadas y dirigidas por una intención. No es, por ejemplo, acción humana pisar sin querer a nuestro compañero de viaje en un autobús abarrotado de gente, bostezar de sueño o parpadear frente a una luz intensa. Sí lo es, sin embargo, una omisión intencionada, como por ejemplo pasar sin saludar por delante de alguien a quien se desea ofender. En todo lo que sigue aceptaremos este uso.
Las intenciones del actuar de las personas consisten en un querer producir ciertos efectos sobre el mundo en torno y, por tanto, están profundamente condicionadas por la forma en que el sujeto entiende dicho mundo y se entiende a sí mismo dentro de él. Porque la ciencia nos enseña que la luna se ve pequeña en virtud de la distancia que nos separa de ella se nos ocurre contemplarla con un telescopio; porque conocemos las normas de circulación nos paramos ante un semáforo en rojo; porque somos conscientes de nuestro rol como alumnos o profesores nos comportamos de un modo u otro dentro del aula.
La forma como las personas entendemos el mundo y nos situamos dentro de él depende sobre todo de la cultura en la que vivimos: La tecnología disponible nos indica hasta donde puede llegar nuestra acción sobre la realidad no humana, la moral común y las costumbres nos enseñan lo que las demás personas esperan de nosotros en cada situación concreta y nos permiten predecir su reacción o anticipar su comportamiento. La interpretación socialmente compartida acerca de la naturaleza del universo y su funcionamiento, del papel y las posibilidades del ser humano, de la historia a partir de la cual hemos llegado a ser lo que somos ... constituye el marco general en el que se configura nuestro pensamiento y nuestra acción, o dicho en otras palabras, el ámbito culturalmente condicionado en el que damos sentido a todos los contenidos de nuestra vida.
De lo anterior se desprende que no podemos entender la intención que dirige la acción humana si no conocemos el contexto cultural presupuesto por el sujeto. Pero este conocimiento es también imprescindible para entender muchos de los efectos reales que dicha acción humana produce sobre el mundo, especialmente, sobre el mundo social. Así, por ejemplo, si ignoramos el sentido de un rito de paso mediante el que un determinado grupo marca la transición entre la adolescencia y la edad adulta no entenderemos por qué, de repente, los muchachos que han participado en él son tratados por el resto de la comunidad de una forma totalmente distinta a como eran tratados antes, por qué ellos mismos han modificado muchos de sus comportamientos y han incorporado súbitamente nuevas actitudes en su manera de afrontar la realidad.
En relación ya con nuestro tema de estudio, si no entendemos, por ejemplo, lo que significa la posesión diabólica o la impureza en el contexto cultural del Judaísmo, no sabremos apreciar las consecuencias sociales de los exorcismos y las purificaciones de leprosos realizadas por Jesús. Estas consecuencias son, a veces, mucho más relevantes para la vida del beneficiado que los meros efectos físicos producidos sobre su organismo. La falta de familiaridad con dicho contexto cultural es también el mayor obstáculo que encontramos para entender por qué algunas acciones de Jesús produjeron admiración y otras rechazo, y qué vieron en ellas de amenazante las autoridades para justificar su arresto y condena.
El ser humano puede utilizar su propio comportamiento con una finalidad eminentemente expresiva o significativa porque sabe que los demás miembros de la sociedad están predispuestos a interpretar su acción según ciertos parámetros culturales. Este es el origen de las acciones testimoniales o simbólicas, en las que no se intenta tanto modificar el mundo de una forma directa cuanto manifestar aspectos del propio yo o inducir en los espectadores nuevas actitudes ante la realidad que se desearía cambiar. Como veremos más adelante, este tipo de acciones son especialmente relevantes y frecuentes en la actuación de Jesús.

redactado por : juan afanador

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